La victoria es de Dios – 2 Crónicas 20: 17 – 18

 

Dice la Santa Palabra de Dios en el segundo libro de Crónicas 20: 17 – 18; “No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros. Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová”.

 

La historia nos cuenta que los guerreros de Moab y de Amón se juntaron para pelear e invadir a Judá y el rey Josafat al ver la cantidad de estos hombres tuvo gran temor junto con el pueblo judío. El rey Josafat se presentó y se humilló delante de Dios y le oró pregonando ayuno de todo el pueblo y en su oración le dijo a Dios: “Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta casa), y a causa de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás” (2ª de Crónicas 20:9). Que tremenda oración de este rey ante Dios, pues le recuerda sus promesas antes de salir de desierto para tomar la tierra prometida. Dios hizo promesas a su pueblo que le cumplió a cabalidad, fue Israel quien no cumplió con ser fiel a Dios y más tarde, años después, fue destruida y dispersada. Ante la oración del rey, Dios responde con lo que leemos hoy: “No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros”, la pelea no es de vosotros contra Moab y Amón sino de Dios contra quienes quieren destruir a su pueblo amado. El resto de la historia nos cuenta que el pueblo judío salió, se paró en el sitio para guerrear, el rey ordenó canticos de alabanza a los sacerdotes que llevaban los vestidos sacros y los de Moab se fueron contra los de Amón y se destruyeron entre sí quedando un botín que necesitó de tres días para ser recogido por los de Judá. Esta historia nos permite ver el actuar de Dios para con su amado pueblo, no hicieron ningún esfuerzo en batalla, no usaron sus lanzas o sus espadas, no se enfrentaron a ningún enemigo, solo alabaron a Dios y vieron como Él destruía a sus enemigos y dejaban una gran ganancia para sus hijos. De la misma manera, Jesús luchó la batalla contra el pecado que nos amenazaba con la muerte eterna y ganó la guerra derrotando al príncipe de las tinieblas y exhibiéndolo públicamente para que todos pudiéramos observar sus maquinaciones y tretas para destruirnos. De la misma manera que Dios obró en favor de su pueblo, hoy podemos ver a Dios luchando para que nosotros ganemos la batalla contra el pecado y contra todas las cosas que nos quieren sacar del camino hacia el cielo, pero además, también quiere estar de nuestro lado para que ganemos gozo y alegría en los tiempos de tribulación, de angustia, de preocupación, solo nos pide alabanza, adoración, relación íntima con Él de tal manera que podamos estar confiados en todo tiempo y en toda circunstancia.  

 

Padre bueno que estas en los cielos, todos los días tenemos batallas contra el enemigo de la desesperación y la desesperanza, llámenos diariamente a adorarte y a estar gozosos ante Usted siempre, en el nombre de Su amado Hijo Jesús. Amen.

 

Pastor César Hernández

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