VOLVAMOS LOS HOGARES A DIOS

Dice la Santa Palabra de Dios en el libro de los Salmos 127: 1; “Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas”. (DHH)

Durante muchísimos siglos los hogares y las poblaciones se entregaban al cuidado de Dios o de los dioses, en el caso de las poblaciones paganas. El final del Siglo XIX y la entrada del Siglo XX trajeron unos cambios impresionantes en los avances y descubrimientos tecnológicos como el motor, la luz eléctrica, la radio, el carro, la aviación, la industria en fábricas y no en el campo, etcétera, pero también una brutal recesión económica y dos guerras mundiales. Todos estos cambios mundiales y dramáticos, en vez de acercar más el hombre a Dios, lo alejaron de Él. Antes de estos tiempos tan cambiantes y de tanto agite mundial, las familias se reunían al final de la tarde a tertuliar y a orar o rezar y se invocaba el nombre de Dios pidiendo su protección. Hacia los años cincuenta y sesenta, las familias perdieron su norte y se disgregaron entrando una pérdida de la unidad familiar y la salida de Dios de los hogares y de los corazones de los seres humanos de manera mundial. Este fenómeno se aceleró en los años setenta y ochenta y para los noventa, era costumbre en las familias americanas que los jóvenes a los 18 años salieran de sus casas y dejaran el hogar sin bases como la oración y la búsqueda de Dios en sus vidas. Obviamente, sus hijos, la gran mayoría tenidos fuera del matrimonio, crecieron si esa enseñanza y esto se tradujo en una salida de Dios de los colegios, estados y constituciones, sin tener en cuenta que esto traía caos a los corazones de los seres humanos. Cuando el salmista nos dice que si Dios no edifica la casa, no la construye, no nos está hablando de pegar los ladrillos, de hacer el edificio donde habitamos, nos está diciendo que: sí Él no nos instruye y nos guía en nuestro andar diario para que crezcamos con el “temor a Dios”, de nada sirve que los que crían, los que educan, los que guían a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes, llenen sus cabezas de conocimiento humano. Esto lo vemos hoy con la rampante corrupción en esta generación, con la violencia intrafamiliar, con la falta de ética en los negocios y en los corazones, con la pérdida del núcleo familiar, de los principios, de la moral y de todo lo que debe ser correcto en la vida de una sociedad. Es por ello, que el mismo salmista dice: “Si Dios no protege la ciudad, en vano cuidan los veladores”, porque la ciudad queda en manos de hombres y mujeres sin moral, sin principios y sin temor a Dios. Oremos pidiendo a Dios que cada hombre y mujer de este mundo vuelva sus ojos a Él y mejore las condiciones en el futuro.

Padre bueno que estas en los cielos, en el nombre de Jesús, te pedimos que perdones el abandono en que este mundo te sumergió y por favor, envía avivamiento a nuestras vidas. Amen.

Pastor César Hernández

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