CONFIO EN TU VARA Y TU CAYADO

Dice la Santa Palabra de Dios en el libro de los Salmos 23: 4-5; “Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”.

El salmo 23, que fue escrito por el rey David, no solo es uno de los salmos más conocidos sino uno de los más predicados en todo el mundo cristiano. Pero a pesar de tanto conocerle, muchos cristianos no lo viven en la dimensión en que lo entendió y vivió David. Este personaje muy amado en la literatura hebraica por ser un hombre muy cercano a Dios y obediente durante su reinado, vivió en riesgo inminente de muerte desde su juventud: fue atacado por leones y osos defendiendo a las ovejas de su padre, se enfrentó a un gigante temido por todos los soldados de Israel, se enfrentó al mismo rey Saúl quien lo buscaba para matarlo cuando supo que Dios le había nombrado su sucesor, se enfrentó en cruentas luchas contra aguerridos pueblos como los filisteos, pero quizás el momento más duro y difícil de su vida, fue enfrentar la muerte que provenía de su propio hijo Absalón quien quería tomar el poder por la fuerza. Cuando escribe el salmo 23 y, específicamente esta parte, el rey recuerda estos episodios y dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. David comprendió que su vida no dependía de él o de la fiereza con que se enfrentará a sus enemigos, sino que dependía de la voluntad de Dios. La vida, este lapso de tiempo corto que pasamos en este mundo, fue creada por Dios, no fue un accidente, no fue un choque entre moléculas invisibles que solo están en la imaginación del hombre, Dios le dio la vida a cada cosa que respira sobre el universo y le propuso un propósito que se cumple para la gloria y honra de nuestro Dios creador. La muerte de cada ser viviente, también está en sus manos, en la fecha y hora determinada por Él. Cuando el salmista dice: “Valle de sombra de muerte” nos está aclarando que es una sombra, no es la realidad y, aunque parezca la muerte, es solo una sombra que nos debe enseñar de nuestra fragilidad y nuestra temporalidad y de la manera que Dios está con nosotros a cada instante con su vara y su cayado. Pero el mismo salmista nos dice: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”. No solo nos enfrentamos a la muerte cada día, sino que tenemos enemigos en todo lado que buscan nuestro mal, no solo materialmente sino espiritualmente, pero Dios también, en estos casos, está con nosotros sirviéndonos como el apoyo, el pronto auxilio, el salvador, quien pelea por nosotros y nos da la victoria. Por ello, debemos confiar plenamente en Él para siempre.

Padre bueno que estas en los cielos, te confiamos nuestras vidas, nuestro camino, nuestro presente y nuestro futuro, lo que somos y a quienes nos rodean con amor y sin él, en el nombre de Jesús. Amen.

Pastor César Hernández

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