LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN

Dice la Santa palabra de Dios en la primera epístola del Apóstol Pablo a los Corintios 15: 14-17; “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”.

Hemos hablado muchas veces del sacrificio vicario de Cristo en la cruenta cruz del calvario. Hemos dicho que la sangre derramada en la cruz nos limpia de todo pecado porque el mismo Jesús nos dejó escrito en Su Palabra que “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”. Toda la crueldad de aquel día con Jesús, nos demuestra lo inmenso de nuestro pecado, pues Él, tomando nuestro lugar, recibió el castigo que cada uno de nosotros merece por los pocos o muchos pecados que hemos cometido y que cometeremos en el resto de nuestros días sobre la tierra. Ahora, la muerte de Cristo sin la resurrección de entre los muertos, haría vana nuestra fe en lo que se nos promete en las escrituras. Pablo dice que “si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios”. Hay en este texto una palabra muy importante: vana predicación y vana fe. Tanto la predicación como la fe se acompañan de vana que en griego se lee kenós y significa vacío. Entonces el Apóstol nos dice que tanto la predicación de ellos como testigos de Cristo como la fe que tienen los corintios es vacía, hueca, sin soporte, sin esperanza. La resurrección debió haber sido un momento muy glorioso para el cielo y muy esperanzador para aquellos hombres y mujeres que siguieron a Jesús por tres años y medio. Haberlo visto morir en el madero, haberle visto entrar en el sepulcro muerto y verle ahora vivo, comiendo con ellos, hablando con ellos, instruyéndoles sobre sus pasos a seguir en este camino, los debió haber llenado de gozo, de alegría, de esperanza, de paz, de energías para seguir en la lucha. De la misma manera, la resurrección de Jesús, es para nosotros hoy, la esperanza de la vida eterna, el cumplimiento de las promesas de Dios, la razón para estar totalmente seguros del camino que hemos tomado. Observemos el final de estos versículos de hoy: “y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”. La resurrección de nuestro Señor Jesucristo nos asegura el perdón de los pecados porque con este acto toda la obra redentora es una realidad para nosotros. Dice la Palabra que más de quinientas personas lo vivieron resucitado y eso es una prueba fehaciente de su poder, de la veracidad de Su Palabra y de la seguridad para nosotros de la verdad que estamos siguiendo. Aferrémonos a esta verdad y caminemos con Cristo.

Padre bueno que estas en los cielos, gracias por resucitar a Jesús nuestra esperanza de los muertos y darnos la seguridad de nuestra resurrección. Amen.

Pastor César Hernández

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