NO SEAMOS HIPÓCRITAS

Dice la Santa palabra de Dios en el evangelio según San Lucas 12: 1; “En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”.

Jesús se refirió a este concepto varias veces: “Y Él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes (Marcos 8:15), “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23: 2-3). Los escribas y los fariseos fueron hombres llenos de conocimiento de la ley de Dios, tenemos que admitir que guardaron celosamente las escrituras y la enseñaban correctamente, pero Jesús expresa que sus obras no estaban en consonancia con sus palabras. Es por esto que les llama “hipócritas” palabra que en griego se lee jupokrités y traduce: actor bajo un carácter asumido, simulador. Jesús les está diciendo que sus actos son de un buen actor de teatro que simulan ser otras personas pero una vez bajan del escenario, vuelven a su papel real y en este sentido, es el papel de hombres que no cumplían el Santo mandamiento de Dios. Jesús culpa a los escribas, fariseos y a Herodes de una levadura que se había puesto en ellos y que estaba impregnando a todo el pueblo pues lo que eran en realidad se estaba viendo reflejado en sus vidas privadas y el pueblo se venía dando cuenta de ello. El gran problema de este tipo de acción, de este tipo de personas, es que tarde o temprano lo que hacen o piensan en privado, en la intimidad de sus vidas, sale a luz de los demás y sus acciones muestran lo que verdaderamente hay en sus corazones dejando estupefactos a quienes se enteran. Debemos admitir delante de nuestro Dios, que muchos de nosotros somos así, debemos de asumir nuestra responsabilidad delante de nuestro Padre celestial y decir que algunas cosas en nuestro interior no caminan rectamente delante de Dios. Jesucristo decía que lo que hay en el corazón es lo que sale por la boca (Marcos 7: 21), y el Apóstol Santiago afirmaba que “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte (Santiago 1:13-15). Todos tenemos un punto débil, una parte de nuestra vida que nos lleva a obrar incorrectamente y por ello, es necesario entregar la totalidad de nuestro ser a Dios para que la obra de Cristo sea una realidad total en nosotros y sea quitada la concupiscencia que aún podemos tener.

Padre bueno que estas en los cielos, en el nombre de Jesús de Nazaret, te pedimos perdón por nuestra concupiscencia y te rogamos que la quites de nosotros para siempre. Amen.

Pastor César Hernández

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