DIEZMOS POR AMOR A DIOS

Dice la Santa Palabra de Dios en el libro del profeta Malaquías 3: 9-10; “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.

He oído predicaciones sobre este tema en las cuales se dice que hay maldición cuando no se lleva el diezmo a la iglesia. También he escuchado decir que los diezmo fuero “abolidos” de la vida del cristiano. Ambas predicaciones están bien lejos del texto y de nuestra realidad. En primer lugar, la maldición que profiere Dios a través del profeta Malaquías, es para el pueblo de Israel quien le había robado a Dios no cumpliendo con un precepto de la ley que los obligaba a llevar los diezmos para mantener la tribu de Levi, a quienes Dios no había dado tierra por heredad sino que había dado el sacerdocio para que sirvieran al Dios eterno y fueran sostenidos por las once tribus restantes, después de todo, ese servicio a Dios, era para los mismos israelitas. Pero, ¿hoy Dios nos pide los diezmos? La respuesta es sí. Esta respuesta no es porque si no lo hacemos habrá maldición, esta respuesta es, porque el principio de sostenimiento de la obra de Dios en la tierra y todo lo que ella trae, es el mismo. Veamos esto en detalle: Jesús no abolió la ley, es más, dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17), pero luego el Apóstol Pablo nos dice: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2ª de Corintios 9:7). Si observamos los pasajes y el contexto de ambos, encontraremos que Jesús está mostrando que lo que ÉL hace en Su ministerio es cumplir la ley y lo que Pablo nos muestra es que una parte de la ley es dar sin esperar a cambio: “Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:3). Acá la palabra limosna es en griego eleemosúne que significa compasión, beneficencia (ejercida hacia el pobre), o (concretamente) benevolencia. También significa justicia. La limosna es para el pobre y por ello, la generosidad del pasaje habla hacia quienes necesitan de nosotros. Dar es un mandato pero aquí, en el pasaje de hoy, se trata de dar para que la obra de Dios funcione adecuadamente. Este dar es igual a dar con generosidad, pero aquí es para que quienes laboran en su obra tengan lo necesario cada día y lo que se necesita para que lo material funcione adecuadamente: este presente siempre. Uno de los problemas que vemos con mucha frecuencia en nuestro medio, es que hay pastores y siervos de Dios, juntamente con obras de Dios, teniendo grandes necesidades porque sus fieles no dan lo correspondiente para llevar correctamente la obra de Dios a un buen funcionamiento. Demos lo que corresponde y agradezcamos a Dios por todo.

Padre bueno que estas en los cielos, en el nombre de Jesús, permítanos entender las verdades eternas con amor y sujeción a ellas. Amen.

Pastor César Hernández

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