CARGANDO CON IMÁGENES

Dice la Santa Palabra de Dios en el libro de los Jueces 18: 19 – 20; “Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una tribu y familia de Israel? Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo”.

El libro de los Jueces nos narra la historia del pueblo de Israel luego de la entrada a la tierra prometida, luego que destruyeron a los pueblos paganos y tomaron posesión de esa tierra, luego de que muriera toda esa generación que ingreso a la tierra de Canaán o tierra prometida por Dios. Por cada uno de los jueces que nos narra el libro, siempre la historia nos cuenta de una rebelión del pueblo contra Dios y de la toma de dioses paganos para hacer enojar a Dios. Yahvé o Jehová, los castigaba enviando un pueblo que los asolara por unos años y, luego de escuchar el clamor del pueblo pidiendo liberación, Dios enviaba un Juez que los guiara a la victoria y a la recuperación de la tierra prometida. Pero la historia se repetía una y otra vez. En la historia del día de hoy, un joven sacerdote está en la casa de un Israelita llamado Micaía quien había tomado al joven sacerdote para que estuviera ministrando en su casa. Este hombre Micaía había hecho una imagen y un altar a la misma y cuando llegó el joven sacerdote, éste no le llamó la atención y siguió haciendo sacrificio a Yahvé o Jehová y al dios que representaba la imagen. Cuando llegaron los hombres de Dan para llevarlo como sacerdote de ellos, de una tribu y no de un solo hombre, este joven sacerdote se alegró y tomó “el efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo”. Llama la atención lo que se llevó para ser sacerdote de una tribu de Israel: el efod que significaba su sacerdocio ante el Dios altísimo, los terafines que según la palabra terafín (que siempre aparece en plural), se entiende en la literatura rabínica clásica con un sentido de cosas vergonzosas o ídolos y tomó la imagen que había hecho Micaía. No se podría explicar que un sacerdote que conoce la ley de Dios, hiciera imágenes, las adorara y las llevara como maleta+ de viaje. El segundo mandamiento de la ley que Moisés dio al pueblo dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20:3-5). Hoy tenemos muchos hombres y mujeres de Dios adorando imágenes, dioses falsos hechos de madera, de metal o de bronce o dioses que no tienen apariencia de ídolos: la tecnología, el sexo, los vicios y muchísimas cosas más. Cargan con ellos a donde quiera que vayan contaminándose y contaminando a todas las personas que los siguen. Necesitamos entender que Dios es Santo, Santo, Santo y que quienes les sirven debemos saber la importancia de nuestra propia santidad.

Padre bueno que estas en los cielos, en el nombre de Jesús Tú Hijo amado, te pedimos perdón por los ídolos, por los dioses que fabricamos y cargamos a todas partes y que solo nos alejan de Ti, el único Dios verdadero. Amen.

Pastor César Hernández

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